ITV en septiembre: los fallos que más coches suspenden

Después del verano, luces, neumáticos y frenos son los puntos donde más coches suspenden la ITV. Aquí está lo que revisa el inspector y cómo adelantarte.

ITV en septiembre: los fallos que más coches suspenden

Qué mira realmente el inspector en cuarenta minutos

El coche te ha llevado bien todo agosto: playa, carretera con las maletas hasta el techo, aire acondicionado a tope durante horas seguidas. Y ahora, en la primera semana de septiembre, llega el aviso de la ITV y el pulso se acelera un poco, porque intuyes que ese mismo desgaste que no notaste en la autovía es justo lo que un inspector va a encontrar en menos de una hora. Las estaciones de ITV en España —Applus, ITV Grupo, SGS o Eurocitas, según la comunidad autónoma— trabajan con el mismo protocolo marcado por el Real Decreto 920/2017, así que el orden de la revisión es prácticamente idéntico en Madrid, Valencia o Bilbao. Primero identificación del vehículo y comprobación de la documentación, luego frenos, dirección y suspensión en el banco de pruebas, después luces y neumáticos, y por último emisiones si el motor lo requiere. La sesión completa dura entre veinte y cuarenta minutos si todo va bien, pero un fallo leve en la primera fase puede alargarla porque el inspector repite la comprobación antes de anotar el defecto. Septiembre concentra además muchas citas porque coincide con el fin de las vacaciones y con el vencimiento de miles de tarjetas ITV que caducaron en agosto, así que las listas de espera se alargan y conviene pedir cita con al menos diez días de margen.

Luces y señalización: el fallo que más veces se repite

Un solo piloto trasero fundido puede tirar por tierra toda la revisión.

Da rabia, pero es así: el sistema de iluminación es la causa de suspensión más habitual en las estaciones ITV españolas, por delante incluso de los neumáticos. Los motivos más repetidos son bombillas fundidas en la luz de freno o en el intermitente, faros mal regulados tras un cambio de aceite en un taller poco cuidadoso, y plásticos de los pilotos amarillentos u opacos por el sol que reducen la intensidad luminosa por debajo del mínimo exigido. Revisar las luces cuesta cinco minutos con el coche parado y alguien detrás mirando: pisa el freno, activa los intermitentes uno a uno y comprueba la luz de matrícula y la antiniebla trasera. Mejor opción: hazlo la noche anterior, con el coche frente a una pared oscura, porque de día es fácil no darse cuenta de que una luz de posición está fundida.

Neumáticos: la profundidad del dibujo no perdona

La ley española exige un mínimo de 1,6 milímetros de profundidad en el dibujo del neumático, medidos en los indicadores de desgaste integrados en las ranuras principales. Por debajo de esa cifra el coche suspende sin discusión posible, y el inspector no necesita más que el calibre del taller para comprobarlo. El problema real de septiembre es otro: después de un verano de carreteras calientes y viajes largos con el maletero cargado, el desgaste se acelera, y muchos conductores llegan a la ITV con neumáticos que rondan los 2 milímetros sin haberse dado cuenta, porque visualmente todavía parecen "normales". Evita presentarte a la revisión sin haber comprobado antes la presión y el desgaste irregular en los bordes, que suele indicar una alineación mal ajustada más que un problema del propio neumático. Un juego de cuatro neumáticos de gama media para un utilitario cuesta entre 240 y 380 euros en cadenas como Confortauto o Norauto, así que si el desgaste está cerca del límite, cambiarlos antes de la cita sale más barato que pagar la tasa de la ITV dos veces.

Frenos y amortiguadores: lo que el banco de pruebas nota y tú no

El banco de frenado mide la eficacia de cada rueda por separado y compara la diferencia entre el lado izquierdo y el derecho; si esa diferencia supera el 30%, el coche suspende aunque frene "bien" en la carretera. Es aquí donde muchos conductores se llevan la sorpresa: el coche para en línea recta sin problema, pero un disco oxidado o una pastilla desigual desequilibra el frenado lo suficiente como para fallar en el banco, algo casi imposible de detectar conduciendo con normalidad. Los amortiguadores se someten a una prueba parecida, el test de rebote sobre las placas vibratorias, y aquí el desgaste avisa poco: un amortiguador gastado no suele hacer ruido ni cambiar de forma visible el comportamiento del coche hasta que ya está muy deteriorado. Esto no significa que haya que cambiar amortiguadores por sistema cada vez que toca ITV —muchos coches con 80.000 o 90.000 kilómetros los pasan sin problema—, pero si el coche "bota" más de la cuenta al pasar un badén, merece la pena que lo mire un mecánico antes de la cita, no después.

Emisiones: el examen que más miedo da, no siempre con razón

La prueba de gases es la que genera más ansiedad, sobre todo entre quienes conducen diésel, y en parte es lógico: los motores diésel con más de diez años y un mantenimiento irregular son los que más suspenden en este apartado. Pero el motor de gasolina tampoco se libra si la sonda lambda falla o si el catalizador está deteriorado, algo frecuente en coches que hacen sobre todo trayectos cortos urbanos y nunca llegan a alcanzar la temperatura óptima de combustión. Un dato que pocos conductores conocen: rodar unos veinte minutos por carretera antes de la cita, a régimen medio-alto, ayuda a quemar residuos de carbonilla y puede marcar la diferencia entre pasar y no pasar la prueba de opacidad. No sirve como solución si hay una avería real detrás, pero si el coche ha pasado el verano haciendo solo trayectos de dos kilómetros al colegio o al supermercado, ese paseo previo por la autovía no está de más.

El kit obligatorio que se suele olvidar

Dentro del maletero también se juega parte de la revisión, aunque muchos conductores lo pasan por alto:

  • Dos triángulos de preseñalización, homologados y en buen estado, ya exigidos como parte de la documentación del vehículo.
  • Un chaleco reflectante por cada ocupante, guardado dentro del habitáculo y no en el maletero, porque hay que poder ponérselo sin salir del coche en caso de avería.
  • El extintor solo es obligatorio en vehículos de transporte de mercancías peligrosas o de más de 3.500 kilos, así que un turismo particular no lo necesita, aunque algún taller lo revisa igualmente por costumbre.
  • Rueda de repuesto, kit antipinchazos o el aviso correspondiente en el salpicadero si el coche no lleva ninguno de los dos, y algún otro detalle menor que varía según el modelo.

Si suspendes: plazos y qué pasa con la contra-revisión

Suspender no es el fin del mundo, aunque lo parezca en el momento en que el inspector marca el defecto en rojo. La ley da un plazo de dos meses desde la inspección para corregir el fallo y volver a presentarse a la contra-revisión, que suele costar bastante menos que la tasa inicial —en la mayoría de estaciones ronda los 5 o 10 euros si solo hay que repasar el punto suspendido, frente a los 35-45 euros de la inspección completa para un turismo—. Si el fallo es grave, como un problema estructural en los frenos o en la dirección, el coche queda con la circulación restringida hasta que se repara, y conducirlo antes de solucionarlo puede acarrear una multa que además no cubre el seguro en caso de accidente. Si pasan los dos meses sin volver a presentarse, la ITV caduca del todo y hay que empezar de cero con la tasa completa otra vez, así que anota la fecha límite en el calendario nada más salir de la estación.

Antes de pedir cita: la lista de cinco minutos

Antes de reservar hora, dedica una tarde de domingo a repasar lo básico: luces, presión y desgaste de neumáticos, nivel de líquidos, y que el parabrisas no tenga una grieta que cruce el campo de visión del conductor, porque eso también suspende. Comprueba también que la documentación esté en regla —permiso de circulación, ficha técnica y el recibo del seguro en vigor—, porque un papel que falta detiene la inspección antes incluso de que el coche entre en la línea. El limpiaparabrisas gastado que dejaba rayas raras en junio sigue ahí, solo que ahora lo vas a pagar en la ITV en vez de en un semáforo bajo la lluvia.