La cadena es lo que transmite toda la fuerza del motor a la rueda trasera, y a la vez una de las piezas más descuidadas de la moto. Una cadena seca, sucia o mal tensada no solo se desgasta antes: también puede dar tirones, restar suavidad e incluso, en el peor caso, soltarse en marcha.
Limpiar y engrasar, el dúo básico
La cadena recoge polvo, agua y restos de asfalto en cada salida, y ese barrillo, mezclado con la grasa vieja, actúa como una lija sobre los eslabones y los piñones. Limpiarla con un cepillo y un producto específico, y luego engrasarla con la moto en caliente y la cadena por dentro, mantiene la transmisión suave y silenciosa. El momento ideal para engrasar es justo después de rodar, cuando la cadena está templada y el lubricante penetra mejor; déjalo reposar antes de volver a salir para que no salga despedido.
La tensión y el desgaste
- Revisa la tensión cada pocos cientos de kilómetros: una cadena demasiado floja golpea y salta, una demasiado tensa fuerza los rodamientos.
- El manual indica la holgura correcta; suele medirse empujando la cadena arriba y abajo en su punto medio.
- Si al tirar de la cadena por detrás del piñón trasero se separa mucho del diente, está estirada y toca cambiar el kit completo.
Cuando llega el momento de sustituir, hazlo siempre por el kit entero: cadena, piñón y corona. Montar una cadena nueva sobre piñones gastados, o al revés, hace que lo nuevo se desgaste a marchas forzadas para adaptarse a lo viejo.
Mi consejo: mete la limpieza y el engrase en tu rutina cada 500-800 km, y antes y después de un viaje largo. Son cinco minutos que se traducen en una transmisión que dura el doble y en una moto que rueda más fina.