Mucha gente abre el capó, ve el depósito del refrigerante medio vacío y lo rellena con agua del grifo. Funciona durante un tiempo, hasta que deja de funcionar y la avería cuesta diez veces más que haber usado el líquido correcto.
Para qué sirve de verdad
El refrigerante hace tres trabajos a la vez: evita que el motor se congele en invierno, sube el punto de ebullición para que no hierva en verano y protege el circuito de la corrosión interna. El agua sola no hace nada de eso; al contrario, deja cal y oxida por dentro el radiador y la bomba de agua. Por eso, aunque en una urgencia puedas echar un poco de agua para llegar al taller, no debe quedarse ahí como solución.
Cómo saber si toca cambiarlo
El anticongelante pierde aditivos con los años y empieza a fallar en lo que no se ve: la protección anticorrosión. Un líquido turbio, oxidado o con restos flotando es señal clara.
- Revisa el nivel siempre con el motor frío; abrir el tapón en caliente puede provocar una quemadura seria por la presión.
- Respeta el color y la norma que pide tu coche (G12, G13 y similares no siempre se pueden mezclar).
- Cámbialo cada cuatro o cinco años aproximadamente, aunque el nivel parezca correcto.
Si tienes que rellenar a menudo sin que haya charcos bajo el coche, no lo ignores: puede haber una fuga interna hacia el aceite o por la junta de culata, y ahí ya no hablamos de un bote de cinco euros. No lo dejes pasar: un motor recalentado por falta de refrigerante es de las averías más caras que existen.