Hay un filtro del que casi nadie se acuerda hasta que el coche huele a cerrado o los cristales se empañan a la mínima. Es el del habitáculo, también llamado antipolen, y se encarga de limpiar el aire que entra por las rejillas antes de que llegue a tu cara.
Las señales de que está saturado
Cuando se atasca de polvo, hojas y polen, el ventilador tiene que empujar el aire a través de una esponja sucia. El resultado lo notas en cosas concretas: sale menos aire aunque pongas el clima al máximo, los cristales tardan más en desempañarse y aparece ese olor a humedad que no se va con ambientadores. Para quien tiene alergia, un filtro viejo es directamente un problema de salud, porque deja pasar justo lo que debería retener.
Cada cuánto y quién lo hace
La recomendación general es cambiarlo una vez al año o cada 15.000 km, pero en zonas con mucho polen, obras o polvo conviene adelantarlo. Si vives cerca del campo en primavera, lo verás amarillo antes de tiempo.
- En muchos coches está detrás de la guantera y se cambia en cinco minutos sin herramientas.
- El recambio cuesta entre 10 y 25 euros; los hay con carbón activo, que además filtran olores y gases del tráfico.
- Si lo cambias tú, fíjate en la flecha del marco: indica el sentido del flujo de aire y montarlo al revés reduce su eficacia.
Mejor opción: uno con carbón activo si circulas mucho en ciudad o en atascos. Cuesta unos euros más y la diferencia se nota en cuanto te pones detrás de un autobús diésel con las ventanillas subidas.