Lluvia y aquaplaning: por qué el coche flota y cómo evitar el susto

Lluvia y aquaplaning: por qué el coche flota y cómo evitar el susto

Hay pocas sensaciones más desagradables al volante que notar de pronto que el coche deja de responder a la dirección sobre el agua. Es el aquaplaning, y casi siempre es la suma de tres cosas: demasiada velocidad, demasiada agua en la calzada y unos neumáticos que ya no evacuan como deberían.

Qué pasa exactamente

Los canales del dibujo del neumático están diseñados para expulsar el agua y mantener la goma en contacto con el asfalto. Cuando hay mucha agua y vas rápido, llega un punto en que el neumático no da abasto para apartarla y empieza a rodar sobre una fina lámina de agua en lugar de sobre el suelo. En ese instante pierdes dirección y frenada, porque las ruedas, sencillamente, ya no tocan tierra firme. Cuanto más gastado está el dibujo, antes ocurre, y por eso un neumático cerca del límite legal es tan peligroso bajo tormenta.

Cómo reducir el riesgo

  • Baja la velocidad en cuanto la lluvia arrecie; es la medida más eficaz, porque el aquaplaning depende mucho de la velocidad.
  • Evita las roderas y los charcos alargados en el carril; ahí se acumula el agua que dispara el problema.
  • Mantén el dibujo por encima de 3 mm y las presiones correctas; un neumático bien de dibujo evacua mucho más.

Si notas que el coche flota, lo que NO debes hacer es frenar de golpe ni girar bruscamente. Levanta el pie del acelerador con suavidad, mantén el volante firme y recto, y espera a que las ruedas recuperen contacto. En cuanto agarren, ya podrás corregir con calma.

No te fíes de la primera lluvia tras semanas de sequía: el agua levanta el aceite y la goma acumulados en el asfalto y forma una capa especialmente resbaladiza. Esos primeros minutos son de los más traicioneros del año.