Comprar un coche usado bien comprado es de las mejores decisiones que puedes tomar; mal comprado, una sangría de averías. La diferencia casi siempre está en la hora que dedicas a revisarlo antes de pagar, no después.
Lo que se ve y lo que se esconde
Empieza por la carrocería a plena luz del día y con el coche limpio y seco. Mira los reflejos a lo largo de la chapa buscando ondulaciones, diferencias de tono entre piezas y restos de pintura en gomas o juntas: todo eso delata un golpe reparado. Abre y cierra todas las puertas, el capó y el portón; un ajuste irregular es señal de chapa rehecha. Dentro, el desgaste del volante, el pomo y los pedales debe cuadrar con los kilómetros que marca el cuadro. Un coche de 60.000 km con los pedales pelados y el asiento hundido no tiene 60.000 km.
La prueba que no debes saltarte
- Arranca en frío y escucha: humos azules indican consumo de aceite, humos blancos espesos pueden ser junta de culata.
- Conduce por ciudad y por carretera, prueba todas las marchas, frena fuerte en un sitio seguro y suelta el volante un instante en recta para ver si tira a un lado.
- Pide el informe de la DGT y un historial de kilómetros; cruza las fechas de las ITV con el kilometraje de cada una.
Si el vendedor pone pegas a que lo lleves a un taller de confianza para una revisión previa, esa pega ya es una respuesta. Un precompra cuesta entre 60 y 120 euros y es el mejor dinero que gastarás en toda la operación.
No vale la pena enamorarse del color o del equipamiento si la mecánica o el historial cojean. Hay muchos coches; los problemas, en cambio, te los quedas tú.