En un motor de gasolina, la chispa que enciende la mezcla la dan las bujías. Son pequeñas, baratas y fáciles de olvidar, pero cuando se desgastan el coche entero parece otro: más torpe, más bebedor y con tirones que no estaban antes.
Cómo se nota que están gastadas
El electrodo de la bujía se va redondeando con cada chispa, y eso obliga a la bobina a forzar para saltar la distancia. Los síntomas aparecen poco a poco: el ralentí se vuelve algo tembloroso, el coche da pequeños tirones al acelerar suave, cuesta un poco más arrancar en frío y el consumo sube sin razón aparente. Si una bujía falla del todo, notarás una vibración clara y el testigo del motor puede encenderse parpadeando, señal de que combustible sin quemar está llegando al catalizador.
Cuándo y cuáles
- Las de níquel duran unos 30.000-40.000 km; las de platino e iridio, entre 60.000 y 100.000 según el fabricante.
- Usa exactamente el tipo y el grado térmico que pide tu motor; una bujía equivocada puede recalentarse o ensuciarse.
- Cámbialas todas a la vez, no solo la que falla, para que el motor trabaje equilibrado.
Un juego de cuatro bujías de calidad cuesta entre 25 y 70 euros, y en muchos coches el cambio es accesible. Mejor opción: respeta la marca de origen (NGK, Bosch, Denso) y la referencia exacta. Aquí ahorrar dos euros por bujía con una genérica dudosa sale caro en forma de fallos de encendido.
Un detalle: si una bujía sale aceitosa o muy negra, no es solo cosa de la bujía. Puede haber consumo de aceite o una mezcla demasiado rica, y eso conviene mirarlo antes de que vuelva a ensuciarse.