Circula mucha leyenda sobre cómo gastar menos combustible, y no toda es cierta. Algunos trucos ahorran de verdad y otros son mitos que se repiten sin base. Separar unos de otros te ahorra dinero real sin perseguir fantasmas.
Lo que sí ahorra
La velocidad es el factor que más manda en carretera: bajar de 130 a 110 km/h recorta el consumo de forma notable, porque la resistencia del aire crece muy rápido con la velocidad. La presión correcta de los neumáticos también cuenta; unos neumáticos bajos de presión aumentan la resistencia y el gasto. Quitar peso muerto del maletero y, sobre todo, la baca o el cofre del techo cuando no se usan, ayuda más de lo que parece, porque la aerodinámica penaliza mucho. Y conducir suave, anticipando y evitando acelerones y frenazos, es quizá lo que más diferencia hay entre un conductor que gasta poco y otro que gasta mucho con el mismo coche.
Los mitos que conviene enterrar
- Llenar el depósito por la mañana porque el combustible está más frío: el ahorro es insignificante, casi nulo en la práctica.
- Aditivos milagrosos que prometen bajar el consumo: la mayoría no hacen nada medible en un motor en buen estado.
- Ir en punto muerto cuesta abajo para ahorrar: en los coches modernos, al soltar el acelerador con marcha metida se corta la inyección y consumes cero, así que el punto muerto puede gastar más, además de ser menos seguro.
Sobre el aire acondicionado, ni quitarlo siempre ni abusar de él: en autovía, cerrar ventanillas y usar el clima gasta menos que ir con las ventanillas bajadas, que disparan la resistencia. En ciudad a baja velocidad, abrir la ventanilla sí puede salir más barato.
Mi consejo: céntrate en lo que de verdad mueve la aguja —velocidad, presión, peso y suavidad— y olvida los trucos de bar. Esos cuatro hábitos juntos pueden recortar el consumo de forma muy visible.