Desde el cambio normativo, la velocidad por defecto en buena parte de las calles de ciudad es de 30 km/h, no de 50. Pilló a contrapié a muchos conductores que llevaban décadas con otra referencia mental, y todavía hay quien circula como si la norma fuera la antigua.
Qué calle va a cuánto
La regla general es sencilla de recordar por el número de carriles. En las vías de un único carril por sentido, que son la mayoría de las calles, el límite es 30. En las de dos o más carriles por sentido se mantienen los 50. Y en las plataformas únicas, donde la acera y la calzada están al mismo nivel sin bordillo, se baja a 20. La idea de fondo es clara: a 30 por hora, un atropello tiene muchas más probabilidades de quedar en susto que en tragedia, porque la distancia de frenada y la energía del impacto caen de golpe.
Lo que conviene tener claro
- El radar urbano se ha multiplicado, y muchos tramos de 30 están señalizados precisamente porque antes se corría.
- Conducir a 30 apenas alarga el tiempo real de un trayecto urbano: los semáforos y el tráfico mandan mucho más que esos 20 km/h de diferencia.
- En vías de un carril no necesitas ver una señal de 30 para que aplique; es el límite por defecto.
Sé que a algunos les parece excesivo, y a 30 en una avenida ancha vacía se hace lento. Pero los datos de siniestralidad urbana desde el cambio apuntan en la dirección correcta, y eso pesa más que la impaciencia.
Evita jugártela en los tramos con radar fijo: una multa por exceso en ciudad arranca en 100 euros y, según la velocidad, también resta puntos.