El precio de comprar un coche es solo la entrada; el verdadero gasto viene después, repartido en cuotas casi invisibles que, sumadas al año, sorprenden a cualquiera. Hacer esa cuenta completa ayuda a elegir mejor y a no llevarse disgustos.
Los gastos fijos, los que pagas tengas el coche parado o no
El seguro es el primero, y oscila mucho según el conductor, la zona y la cobertura, desde un par de cientos de euros a terceros hasta bastante más a todo riesgo. Luego está el impuesto de circulación municipal, que cada ayuntamiento fija y que ronda de unas decenas a más de cien euros al año según el coche y la ciudad. La ITV, cuando toca, suma su tasa, y no olvides la depreciación: cada año tu coche vale menos, y aunque no lo pagues en efectivo, es dinero que pierdes. Estos gastos los tienes aunque el coche no salga del garaje.
Los variables, los que dependen de cuánto ruedes
- Combustible o electricidad: el gran capítulo si haces muchos kilómetros, fácil de estimar con tu consumo y tus kilómetros anuales.
- Mantenimiento: cambios de aceite, filtros, neumáticos, frenos y las averías que toquen; un coche viejo gasta más aquí.
- Aparcamiento y peajes, que en algunas ciudades y trayectos pesan más de lo que parece.
Sumando todo, mantener un coche medio en España rara vez baja de varios miles de euros al año, aunque hagas pocos kilómetros, porque los gastos fijos pesan mucho. Esa cifra explica por qué, para quien apenas usa el coche, opciones como el coche compartido o el alquiler puntual pueden salir a cuenta.
Mi consejo: haz tu cuenta real una vez, con tus números, antes de comprar o de plantearte si compensa tener coche. Verlo todo junto cambia muchas decisiones.